sábado, 26 de junio de 2010

La relación entre jinete y caballo.

Foto, nuestros caballos descansando en los padocks de nuestra cuadra.

En primer lugar quisiera agradecerles amigos, alumnos y seguidores de este blog los mensajes que me dejáis en mi mail privado en los que me consultáis y me animáis a que escriba mas sobre nuestros amigos los caballos y nuestro trabajo con ellos, que es su adiestramiento.


A todos vosotros amigos va dedicado este blog y todo lo que en el escribo.

Hace poco me puse a pensar de que tema hablar en mi blog este mes y se me ocurrieron tantos temas que no supe por dónde empezar, entonces busque unas fotos en mi ordenador para ilustrar el próximo tema del que quería hablarles, cuando encontré una vieja fotografía escaneada del primer caballo que competí en España y recordé la bonita relación que teníamos los dos, el confiaba plenamente en mí y yo sabía que él no me fallaría nunca, no fue un caballo espectacular, pocas veces ganamos algún premio pero fue para mí un maestro y algo más que eso, un amigo.

En esta entrada hoy quiero hablarles de mi opinión personal a cerca de la relación entre caballo y jinete, quiero hacerlo porque es algo de lo que no hablan los libros de equitación pero que todos los jinetes conocemos, la relación que tenemos con nuestros caballos y lo que sentimos en nuestro corazón por ellos, pues son nuestros amigos.

En todos los deportes de equipo se cuida la relación con los compañeros. El logro de resultados en la competición o de las diversas satis facciones que el caballo nos puede ofrecer en el terreno técnico o lúdico de la equitación “amateur” dependen, en gran medida, de las características de la relación con nuestro caballo.
Durante una conversación mantenida con un entrenador profesional experto en el adiestramiento de perros guía para ciegos y perros policía, éste me comentaba:

“....Nosotros establecemos una estrecha relación personal con los perros, son nuestros amigos y compañeros, para ellos el trabajo es juego y la recompensa emocional funciona perfectamente... ¿Por cierto, y vosotros los jinetes, cómo hacéis para motivar a los caballos a que hagan todo lo que les enseñáis...?”

Me puse a pensar durante unos instantes y le dije, a veces una palmadita en el cuello un poco de azúcar.

Es verdad que los perros no son caballos, pero no por ello deberíamos obviar la necesidad de analizar qué dosis de motivación brindamos a nuestros caballos para que se sigan esforzando en darnos los objetivos que les marcamos.

Con el ánimo de ayudar a aquéllos que, como yo en aquél entonces, también tengan que reflexionar ante la pregunta, tan sólo decir que la mejor motivación para un caballo es gozar de una buena relación con su jinete.

En muchas ocasiones nos encontramos con caballos que se niegan a avanzar, se defienden frente a las ayudas del jinete, son temerosos frente a los elementos externos, ganan enorme tensión frente a determinados ejercicios, no logran andar en cuatro tiempos, son “muy nerviosos”,..., y tantos esquemas de comportamiento que – habitualmente- tratamos de resolver con instrumentos técnicos y pueden no responder más que a conflictos de relación con el jinete.

Existen programas de formación para lograr una buena relación con el caballo o ayudarnos a mejorar la ya existente. Hace años escuche hablar de Pat Parelli (USA) y creo que el suyo es el mejor. Esta basado en tres principios fundamentales, la confianza del caballo en el jinete, la clara comunicación entre ambos y el liderazgo del jinete, a través de los cuáles se descifran las claves de una relación óptima.
Adentrarse en ese mundo es atractivo y enriquecedor pero, mientras tanto y para aquéllos que no se animen a ello, sigue habiendo muchos cambios posibles para hacer en nuestro día a día y con los que intentar mejorar en la relación con nuestro compañero.
Por ejemplo, podríamos preguntarnos y responder las siguientes cuestiones: ¿cuánto rato paseamos a nuestro caballo al paso “antes” de empezar a trabajar..?; ¿cuánto rato paseamos a nuestro caballo al paso “después” de trabajar...?; ¿cuántas pausas con riendas largas hacemos durante una sesión de entrenamiento?; ¿cuantas recompensas de caricia tradicional damos a nuestro caballo durante una sesión?; ¿cuántos días por semana hacemos un trabajo de recuperación?; ¿cuántos paseos “a la mano” damos al día cuando estamos en un concurso?; ¿dejamos de pedir algo cuando se inicia la respuesta o cuando conseguimos la respuesta? ... Seguro que ahora cada uno de vosotros, amigos y seguidores de este blog os preguntareis estas mismas cuestiones, sentiréis que vuestro amigo, que es vuestro caballo, a veces lo utilizamos como a nosotros nos complace sin tenerlo apenas en cuenta.

Yo personalmente a los caballos que entreno, procuro darles momentos de placer entre semana dándoles un paseo con riendas largas por las selvas y praderas paraguayas, les invito a que caminen por donde quieran. También en nuestra cuadra todos los caballos tienen un hermoso padock en el que pasan al aire libre casi todo el día relacionandose entre ellos, jugando en fin siendo caballos.
Con el entrenamiento diario intento no forzarles mucho, e ir siempre despacio, la verdad eso funciona muy bien dándoles tiempo a asimilar lo que aprenden, parece más adelante que hacen los ejercicios con más alegría.
Debemos procurar que nuestros caballos entren a la pista contentos y salgan de ella con la misma alegría y ganas de trabajar que al comienzo.

Amigos os recomiendo que paséis más horas con vuestros caballos, no montados sino pie a tierra cepillándolos, duchándolos, paseándolos del ramal o simplemente jugando con ellos en el padock, esta relación entre hombre y caballo mejorara cada día y conseguiréis ganaros la plena confianza de vuestros caballos, que en el día a día mejorara también vuestro trabajo en la pista de doma.

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