viernes, 1 de mayo de 2020

Es adecuado dar más libertad?

  
Amigos del caballo, les agradezco mucho que visiten este nuestro blog, un espacio dedicado al caballo y su buen manejo. Hoy en este post les hablaré de la importancia que tiene en el salto no intervenir mucho en el caballo. Cuando el caballo entiende su trabajo, pasamos a la fase de dar libertad de acción. 
Tenemos que entender bien primero que  una cosa es dejar hacer y otra bien distinta es inhibirse y no hacer nada.  No  y  no  es  la  respuesta.  Una  cosa  es  no  pelearse  y  dejar  hacer,  y  otra  cosa bien distinta es la pasividad, que se puede decir que está proscrita. En la práctica de ejercicios, en el trabajo,  es muy útil  ceder y  dejar hacer para, inmediatamente, volver a tomar el mando  y exigir, dirigir y controlar, pero dejando y cediendo.  No es contradicción. Para saber mandar hay  que  saber  obedecer. Para saber oponerse y  exigir tendrá que saber ceder y dejar hacer, hasta el punto de que se considere justo. Debemos  decir  no a la pasividad,  pues colocarse  convenientemente con su  peso,  fijarlo  en  el  buen  sitio,  secundar  los  desplazamientos  de  centro de  gravedad  que se  vayan sucediendo,  provocar  impulsión,  tomar  contacto con la boca del caballo a través de las riendas  para dirigirlo hacia donde convenga, con una serie de acciones, ¿es pasividad? No. Las  acciones  del jinete deben ser  pocas,  pero  deben ser  obedecidas.  Una vez indicadas  por medio  de las «ayudas», el caballo debe realizarlas todas  y el jinete tendrá que secundar  esas  acciones,  esos  desplazamientos  y, si hiciera falta, tendrá que dejar sentar con máxima energía su voluntad, pero dejando  servirse de su equilibrio y de sus  fuerzas, provocando  que sea el caballo el responsable de sus acciones. Un caballo libre de la preocupación  de  transportar un jinete, debe  poner  toda  su  atención  en  lo  que está  haciendo  y  mediante  la  repetición  aprenderá  finalmente  a  emplear sus medios con precisión y a nuestra satisfacción. 
Un caballo que presenta acciones  alocadas,  escapadas,  defensas,  etc. lo hace, casi siempre, para sustraerse de las acciones  del jinete que le provocan o le han provocado dolor y las recuerda. Esto lo debemos borrar de su  memoria,  mediante pequeños  engaños,  ceder  y exigir,  hasta  llevarlo  al buen camino. Un buen caballo es el que, mediante el buen trabajo, utiliza sus energías en el ejercicio que se le pide, pero presentándolo ante él y dejándole hacer.  Nuestra  inteligencia  está  por  encima  y  tendremos  que  pensar  que para realizar esos ejercicios el caballo deberá comenzar por realizarlos al paso, luego al trote y  después al galope, bien  sobre una vuelta,  bien  sobre un círculo o lo que corresponda. Quizás haga falta hablar de algún ejemplo, orientado hacia el salto. Un potro,  un caballo  nuevo,  comenzamos  por  pasar  barras en  el  suelo  al paso, luego al trote, poco a poco  más  elevadas,  con barras de atención en el suelo o sin ellas, para llegar a presentarle un vertical o un fondo y atacarlo  al  galope,  pero  habiéndole  dejado  disponer  de  sus  fuerzas,  de su equilibrio y que no piense que vamos  a ser nosotros los que mediante acciones  sobre las  riendas  le vamos  a restituir a su  equilibrio,  porque si hacemos  esto, el caballo estará siempre pendiente de nuestras acciones  y no pondrá de su parte nada. El resultado será malo, será el derribo del obstáculo y haremos un caballo sucio. El caballo limpio es el que  se asusta al derribar, porque  no es lo habitual, e  incluso  porque el tropezar  con  una barra no  es  placentero  para él.  A veces  puede llegar a ello por distracción  o por demasiada  intensidad  en las repeticiones, y llega el aburrimiento. Un  ejercicio  bien  pensado,  con  el  jinete  bien  colocado,  fijo  y  dejando  hacer, para que el caballo emplee sus fuerzas es el mejor. El caballo recordará que el jinete no le salva  a la última hora de  tropezar con un vertical o un fondo y será él el que mida y adopte el mejor  terreno para batir y saltar el obstáculo, si nosotros le hemos puesto en el buen camino, a la buena acción,  en  las  condiciones  idóneas  para  el  final,  le  diremos  que  sea  él  el  que tenga que solucionarse el problema, pues si se lo solucionamos  nosotros, tendremos  que hacerlo  siempre  y la  equitación nuestra será  terriblemente complicada, en cada momento, para cada obstáculo, tendremos que elegir el mejor terreno y si nos equivocamos, la falta será segura. Da gusto  ver  caballos  que saliendo  sus jinetes a  «batir»  en  un  recorrido de obstáculos complicados, con distancias intermedias y combinaciones cortas y/o largas, ellos mismos, alargan y acortan, pues lo han practicado en los entrenamientos y lo recuerdan. Deben ser ellos solos los que se solucionen sus problemas, reanudar sus cambios de equilibrio, mandando en todo momento, pero dejando hacer es y será lo mejor para que el caballo tenga libertad para ejecutar ese ejercicio disponiendo de todas sus  fuerzas. La libertad absoluta, está indicada solamente en los descansos, en paseos sin contacto con la boca, ni con las piernas. Pero  en  un  recorrido  de  obstáculos  habrá  que  manejar al caballo, y con tacto dejarlo hacer. Amigos, si tienen la experiencia necesaria, saben a que me refiero!